El derecho a voto es sin duda un logro de los últimos años para las mujeres en Afganistán; sin embargo, hay muchos otros derechos que aún son ignorados.
Si la violencia no se incrementa, por lo menos 5 millones de mujeres podrán votar este jueves en los comicios presidenciales en Afganistán. Desde que cayera el régimen talibán hace 8 años, este es uno de los mayores logros en materia de promoción de los derechos de las mujeres en ese país.
“El derecho al voto es muy importante, pero no sé si ellas son conscientes de que lo tienen, precisamente porque todavía falta tanto que conseguir”, sostiene Gloria Company, la presidenta de la Asociación de Cooperación por Afganistán.
La representante de la Organización no Gubernamental realiza trabajos de capacitación y brinda atención a los colectivos marginados, por lo que tiene pleno conocimiento de la realidad actual en Afganistán. “Las mujeres tendrían que ser libres para ir a la escuela, para escoger marido, para trabajar, para tener una sanidad plena. Son derechos que las mujeres tienen y que en este momento en Afganistán, todavía no se dan”, dice.
Temor a represalias
Company no es muy optimista sobre esta oportunidad que se le presenta a las mujeres afganas, ya que muy probablemente muchas no ejercerán su derecho a voto. “La mujer está supeditada excesivamente al hombre y si el hombre en ese momento, sobre todo en la partes interiores del país, no quiere que vaya a votar, no irá”, asegura.
Y es que en momentos en que los rebeldes talibanes vuelven a ganar terreno en algunas provincias, renace también el sometimiento y las amenazas contra las mujeres. El temor a represalias es lamentablemente fundado.
Controvertida ley
Por si fuera poco, días antes de estos comicios el actual presidente afgano Hamid Karzai firmó una ley sobre el estatuto de las mujeres de minoría chiíta, que estipularía que estas pueden ser privadas de alimento si rehúsan a tener relaciones sexuales con sus maridos.
Al ser anunciada la adopción de la ley, fue criticada duramente como “ley bárbara” por Human Rights Watch. En un comunicado, la institución defensora de los derechos humanos califica la ley como una ‘maniobra electoralista’ y debe ser revisada.
Company coincide con esta crítica y considera además que ha sido decisión política con poca visión y que sólo hará que empeoren las cosas en el país: “ Es una decisión que sólo busca que sus aliados estén conformes con él y una de las formas es presionando todavía más a la mujer”, dice.
Lejano cambio de mentalidades
Se necesita tiempo, pero sobre todo seguridad, estabilidad, no guerra, todo esto es lo que hace falta en el país, sostiene Company. “Y previsión de futuro para todos. Las personas, ya no sólo las mujeres sino los mismos hombres, necesitan un trabajo estable para poder mantener a sus familias que además son numerosas”, dice.
La Asociación de Cooperación por Afganistán trabaja en ese país desde el 2006, con proyección hasta fines del 2010. “Hemos pasado de todo. Años de mucha ilusión de que ya todo irá hacia delante, pero ahora estamos yendo hacia atrás”, señala Company.
La comunidad internacional y los propios afganos están muy cansados y están defraudados de estos ocho años. “El querer tirar adelante y no poder, esto coacciona mucho a la persona”, añade.
El retorno de la Burka
Company comenta que en su trabajo con las mujeres, en determinado momento estas llegaron a visitar su centro con burka en menos casos. “Ahora hay cada vez más porque hay más miedo, más inseguridad, con lo cual vamos hacia atrás”, explica.
La presidenta de ACAF menciona lo de la burka como algo significativo: “Si hay miedo, la persona se tapará. Si hay seguridad y tranquilidad, la persona tiene la valentía de ir destapada, incluso para estar dentro de nuestro proyecto y recibir todas las capacitaciones que estamos dando”.
Si bien existe mucha frustración y hasta desesperanza, Company, junto a otros cooperantes internacionales, está dispuesta a seguir trabajando, a pesar del costo que implica. “Cuesta mucho más nuestro trabajo en la zona, es más peligroso, estamos amenazadas, pero seguiremos, porque es nuestro compromiso y nos gusta y estamos en ello”.
Company concluye diciendo que “si a nosotros, los internacionales, nos cuesta pues para la mujer afgana todavía mucho más”.





























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