En el mayor centro de congresos y conferencias de la capital holandesa, RAI-Ámsterdam, se inauguró la 7ª Feria de los Millonarios. Fuera del recinto, bajo severa vigilancia policial, un grupo de 70 u 80 personas protestaban contra el acontecimiento.
Según los organizadores, desde el 11 y hasta el 15 de diciembre el lugar se transforma en un paraíso de compras de objetos exclusivos y sumamente lujosos. La velada de inauguración, a la que sólo se accedía con invitación especial, fue abierta por la actriz Pamela Anderson y el ilusionista Hans Klok, que dieron una dimensión hollywoodense a la velada reservada a un selecto grupo de ricos holandeses y extranjeros.
Las entradas costaban un mínimo de 75 euros, lo que supera el sueldo mínimo mensual en muchos países del tercer mundo. Una vez dentro, sin ser molestado, el público podía disfrutar de desfiles de modas, admirar y comprar bólidos deportivos, antigüedades, yates, joyas y todo tipo de artículos de lujo. Como en ediciones anteriores, los millonarios holandeses tienen la posibilidad de donar dinero a organizaciones caritativas que tienen su stand en la feria.
Afuera, entre el estridente sonido de una vieja alarma antibombardeos, un grupo de manifestantes coreaba: "No queremos caridad, queremos justicia social." Entre los que protestan se escuchan conversaciones en distintos idiomas. Uno de los presentes, con acento español, afirma que la policía y la prensa son cerdos, aunque reconoce que gracias a los periodistas esta acción será conocida en otros lugares. Luego agrega que quienes acuden a la feria son explotadores, accionistas de Shell, una multinacional que esquilma a Nigeria, que destroza al pueblo local Ogoni y contamina. Otro grita "Viva la CNT", mientras un grupo de eslavos corea consignas en inglés: "No Justice, No Peace, Fight the Police!!!"
Hay casi tanta policía como manifestantes. Los jóvenes ensordecen con un megáfono contra la explotación y la vergüenza que esa feria de millonarios representa, con su lujo y su consumismo mientras una gran parte de la humanidad pasa hambre.
Hace frío y la concurrencia a la manifestación ha sido muy baja. De pronto, mientras hablamos con uno de los manifestantes, el resto sale disparado hacia otra parte del complejo de congresos de la RAI. La policía deja oír sus radios, corridas, insultos, periodistas que se quejan porque deben correr, taxistas que despotrican porque no pueden hacer su trabajo. No pasa nada, las otras puertas también están cerradas y custodiadas. La policía comienza a empujar a los manifestantes, hay algún empellón fuerte, más insultos y consignas.
Los manifestantes deciden retirarse. Un policía empuja a un periodista que grita: ¿"Qué hace!? Usted haga su trabajo que yo estoy haciendo el mío!"
Todo vuelve a calmarse y la columna se aleja hacia el centro de Ámsterdam. Los ricos no se enteraron de la manifestación. Un policía cometa: "Todo salió bien ¿no?" Otro le responde: "Estos ya no son lo que eran antes," y se aleja en su motocicleta. Una limusina de ocho o nueve metros de largo se detiene y el chofer pregunta algo al policía motorizado. Mientras, un pequeño grupo de manifestantes rezagados se aleja por las húmedas calles de Ámsterdam.





























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