Los originales del ‘Diario de Ana Frank’ vuelven a la casa museo que lleva su nombre en Ámsterdam, Holanda. Allí podrán ser vistos por millones de visitantes.
El 12 de junio de 2009 Ana Frank habría cumplido 80 años, pero como se sabe, la niña judía y su familia vivieron ocultos en una casa de Ámsterdam hasta que fueron delatados, en 1944, y transportados por los nazis a un campo de concentración. El ‘Diario de Ana Frank’, escrito en el refugio del Prinsengracht, ha sido traducido a cerca de 70 lenguas y es, después de la Biblia y el Corán, uno de los libros más leídos en el mundo. Cada año, la casa donde vivió oculta la familia Frank, hoy convertida en museo, recibe la visita de millones de personas.
También el día del cumpleaños de Ana una larga cola de visitantes que esperan su turno para entrar. Después de un recorrido por las habitaciones donde vivieron la familia Frank y otras personas, descienden por una escalera hasta la planta baja. En una moderna sala de exposición, en una caja de cristal y tenuemente iluminado, se puede apreciar el Diario de Ana. Todos los visitantes, la mayoría de los cuales no lee holandés, observan esas páginas con emoción y reverencia.
El sueño de publicar
A partir del próximo otoño europeo, se expondrán en la Casa de Ana Frank todos sus escritos originales. El director del museo, Hans Westra, señala que Ana escribió mucho más de lo que se ha publicado. “Llevaba un diario,” dice Westra, “pero luego lo reescribió con la idea de llegar a publicarlo”.
Después de escuchar una noticia en la radio clandestina, en la que el Gobierno holandés en el exilio llamaba a los holandeses a guardar sus diarios de vida y otros documentos, para escribir más tarde la historia de la ocupación nazi, Ana Frank concibió la idea de que, algún día, su diario podría ser leído por otras personas.
Gran escritora
El director del museo explica que, junto al primer diario de Ana, se podrán ver otros dos. Lamentablemente lo escrito durante 1943 ha desaparecido. “Se puede apreciar cómo escribía en hojas sueltas,” señala Hans Westra, “de las cuales se conservan cerca de 180, la mayoría escrita por las dos caras, con una caligrafía preciosa y casi sin faltas. Al final de su permanencia en la casa de Prinsengracht, Ana era una joven consciente de que escribía muy bien”.
Mantener viva la memoria histórica
Junto con el primer diario, los escritos originales de Ana Frank se encuentran en la caja fuerte del Instituto Holandés de Documentación sobre la Guerra, NIOD, en Ámsterdam. Ahora, el ministro holandés de Cultura, Ronald Plasterk, quiere que estos valiosos documentos se hagan públicos. “Me parece muy importante,” ha declarado el ministro, “pues algunas personas, por ejemplo en Corea, sólo conocen a Holanda por la figura de Ana Frank”.
El ministro Plasterk subraya la importancia de mantener viva la memoria histórica. “Los horrores de la Segunda Guerra Mundial, los seis millones de personas que fueron asesinadas por ser judías u otras razones, son casi inimaginables. La historia de Ana Frank, en la que no hay horrores explícitos, es para muchos una manera más tolerable de acercarse a lo que fue la guerra.
Fotografías
Mientras se prepara la exposición de todos los documentos originales, el Museo Ana Frank muestra una nueva colección de fotografías, provenientes del álbum de Otto Frank, padre de Ana, que fotografiaba por hobby. En la muestra se ofrecen cerca de 50 instantáneas en las que se muestra el crecimiento de la niña, desde su primera infancia en Alemania, donde nació, hasta sus días de escolar en Holanda, en fiestas de cumpleaños y vacaciones, sola o con amigos y familiares. Estas fotografías, junto a los diarios y las habitaciones donde vivió oculta, suministran una completa imagen de Ana Frank, la talentosa niña que ha fascinado a millones de personas en todo el mundo.
En agosto de 1944, la familia Frank y los otros habitantes del refugio clandestino fueron delatados y transportados al campo de concentración nazi de Bergen-Belsen, donde murió Ana, unos siete meses más tarde. El único que sobrevivió al exterminio fue Otto Frank, que más tarde se ocupó de la publicación de gran parte de los diarios de su hija. Dentro de poco, todos los manuscritos podrán admirarse en el museo de Ámsterdam. Tal como dijo el ministro Plasterk: “Ana vuelve a casa”.



























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