“¡Fuerza, mamá!”, suena en la sala del juzgado de La Haya. La mujer de 64 años en el banquillo de los acusados intercambia saludos con sus hijas. “La verdad prevalecerá”, promete Yvonne Basebya, la acusada en el primer proceso por genocidio contra un ciudadano holandés. Los hechos tuvieron lugar a 5.000 kilómetros de distancia y el proceso avanza penosamente.
Esta semana hubo un encuentro de rwandeses en el Palacio de Justicia de La Haya. Dos hombres mayores se funden en un abrazo. Uno lleva un sombrero de vaquero mientras el otro luce una cabellera ensortijada. Las esposas de ambos están siendo sometidas a juicio por graves crímenes en la región africana de los Grandes Lagos: Victoire Ingabire en Rwanda, por apoyar a los rebeldes congoleños e Yvonne Basebya en Holanda por el genocidio en Rwanda.
Yvonne Basebya
Yvonne Basebya llegó en 1998 a Holanda en el marco de una reunificación familiar. También es conocida por su nombre rwandés Ntacyobatabara. En 2004 obtuvo la nacionalidad holandesa. Rwanda envió a Holanda una lista con dieciséis nombres de “sospechosos” rwandeses en Holanda. Los 16 fueron acusados de participación en el genocidio de 1994 que duró 100 días y costó la vida a más de 800.000 personas, en su mayoría de la etnia tutsi.
Expediente “Lobo”
Desde hace cuatro años el equipo Delitos Internacionales trabaja en el caso de Basebya. Escucharon testigos de Rwanda. Kenia, Sudáfrica, Canadá, Australia y Limburgo, en Holanda. El expediente “Lobo” sobre el caso Basebya describe una historia sangrienta: genocidio, crímenes de guerra, liquidaciones, asesinatos y violaciones. Las pruebas: declaraciones de testigos presenciales, escuchas telefónicas e informes de tribunales locales en Rwanda.
Uno de estos tribunales condenó a Basebya en rebeldía en 2007 a cadena perpetua. Entonces la mujer vivía en Holanda con un pasaporte holandés. La policía holandesa encontró su pista mientras investigaba a su marido Augustin Basebya. Pero las sospechas se centraron rápidamente en Yvonne.
Desde su arresto en junio de 2010, Basebya ha alegado contantemente su inocencia. Negó haber hecho un llamado a las milicias hutu durante el genocidio de abril de 1994, para que rastrearan a tutsis y los asesinaran con palos, machetes y armas de fuego. Sin embargo, testigos sostienen que Basebya lideró manifestaciones en un barrio periférico de Kigali, cantando y bailando canciones con las milicias de asesinos mientras impartía órdenes de llevar a cabo ejecuciones.
Tigre de papel
La defensa presenta una imagen totalmente distinta: la de la esposa de un respetado parlamentario que, con peligro para su propia vida, fue capaz de salvar a tutsis de la muerte. El abogado de Basebya, Victor Koppe, califica las declaraciones de los testigos presenciales de “dudosas”, ya que en realidad podrían servir para demostrar la inocencia Basebya. “Nada es lo que parece en Rwanda”, manifestó el letrado a los jueces, debido a que “interpretaciones y verdades no suelen coincidir.”
La credibilidad de los testigos es un punto de mucha controversia entre fiscales y defensores. También dificulta la tarea de los tres jueces holandeses de determinar la verdad. No pueden viajar a Rwanda, no pueden ni interrogar ni ver a testigos. El expediente Vos es para ellos un tigre de papel.
Último juicio
El caso Basebya es, en suma, un dificultoso ejercicio. Pero, para alivio del equipo de jueces, se trata probablemente del último juicio sobre Rwanda en Holanda. La Haya prefiere extraditar a los sospechosos de genocidio a Rwanda. Eso es posible ahora que la Corte Europea de Derechos Humanos el mes pasado decidiera, sin oposición, que un sospechoso rwandés de genocidio podía ser extraditado a Kigali. El fallo llevará a extradiciones desde toda Europa, incluyendo a Holanda.
Sin embargo, la holandesa Basebya todavía será juzgada en su nueva patria. Con amigos y familiares en las tribunas. La pregunta es si las víctimas del genocidio saben lo que se lleva a cabo en la Corte holandesa. Durante todas las sesiones del caso “Lobo” hasta ahora, han estado ausentes.
























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