En materia de reconstrucción, las iniciativas particulares en Haití han demostrado ser más eficaces que las organizaciones humanitarias y asistenciales.
Poco después del terremoto, un matrimonio holandés inició un proyecto para la creación de empleo en Haití, orientado a la construcción de viviendas para los damnificados. Un año más tarde, puede decirse que este tipo de iniciativas privadas ha sido más eficaz que la de las numerosas organizaciones que acudieron para brindar ayuda.
Dos días después de la catástrofe, yo recorría las calles de Puerto Príncipe, algunas de las cuales estaban rodeadas de ruinas mientras que en otros sectores de la ciudad el sismo apenas había dejado huellas. En algunas esquinas, los cadáveres yacían cubiertos con sábanas.
Junto a un semáforo, un chico de unos diez años que, pese al caos reinante, había reanudado sus labores, se acercó a nuestro automóvil con la intención de limpiar los cristales. Poco después, pasaron vehículos de Naciones Unidas que forman parte de las fuerzas de paz que se encuentran en la isla desde el 2004. “No tengo ni idea de lo que hacen aquí, tal vez mantener ocupado al personal de lujosos restaurantes,” comentó mi acompañante, Kees de Gier.
Ataúdes
“Muchas organizaciones humanitarias se disputan el suministro de ayuda,” comenta Kees, “pero eso no es correcto. Lo correcto es brindarle a los haitianos mismos la oportunidad y los medios para, con un poco de ayuda, superar su situación.”
Bill Clinton
El verano pasado, pude comprobar que Kees había logrado realizar su plan, y que todo el terreno de la fábrica se había convertido en un aserradero, donde se producían y suministraban las viviendas prefabricadas. En aquel entonces, el comité para la reconstrucción, encabezado por, entre otros, el ex presidente norteamericano Bill Clinton, apenas había iniciado actividades. Sin embargo, gracias a proyectos como el de De Gier, pudieron los primeros haitianos abandonar las tiendas e instalarse en viviendas de madera.
Algunos meses después de la tragedia, los ex presidentes estadounidenses Bill Clinton y George Bush visitaron la iniciativa de Kees y Evelien y, con especial interés, fueron testigos del gran esfuerzo que los haitianos mismos hacían para mejorar su futuro.
Inquietud social
“Entre tanto, hemos entregado unas 2500 viviendas, y fabricamos unas 50 por día,” precisa Peter, hijo de De Gier, desde Puerto Príncipe. Antes del terremoto, la fábrica brindaba trabajo a unos 60 haitianos, y ahora cuenta con 250 empleados. En diciembre, como consecuencia de la inquietud reinante, las actividades se suspendieron durante algunos días.
Haitianos airados bloquearon las vías quemando neumáticos, para manifestar su descontento con el resultado parcial de las elecciones presidenciales. Además, expresaban su frustración por lo poco que se ha logrado en materia de reconstrucción, pese a que al menos 12 mil miembros de organizaciones humanitarias y asistenciales están activos en su país.
Estancamiento
Oxfam, que junto con la holandesa Novib conforma una organización, reconoce que el suministro de ayuda se ha estancado. Un hecho muy triste, ya que, en total se prometieron 10 mil millones de dólares, pero en realidad tan sólo se ha donado una fracción de esa suma.
Las organizaciones no gubernamentales (ONG´s) y las autoridades se responsabilizan recíprocamente. Aquellas opinan que, ante todo, el Gobierno debe retirar las ruinas. Sin embargo, con tantos fondos a su disposición, las organizaciones podrían presionar más a las autoridades.
Dependencia
Pero, incluso si la reconstrucción llega a buen fin, los problemas no terminan para Haití. Al hablar de reconstrucción, se sugiere que se debe restaurar la situación previa al sismo, es decir, a la dependencia del país, entre otras cosas por falta de trabajo.
Por tanto, se necesitan muchos más proyectos como el del holandés Kees de Gier, por ejemplo, empresas norteamericanas que encarguen su producción a Haití, y no a China. Poco a poco, el país caribeño saldría de la ruina y pasaría a ser un país normal, con un sector de servicios, para citar un ejemplo, un país que puede prescindir de la ayuda de organizaciones humanitarias y asistenciales. No obstante, es de temer que incluso diez años después de arrasador terremoto, esto no será más que un sueño remoto.
































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