Hace poco tiempo tuvimos un debate de mediodía en la redacción de Radio Nederland acerca de los límites de la libertad de expresión. Fue una interesante confrontación entre quienes sostenían que es posible decir y escribir todo lo que uno piensa, por un lado, y por el otro la opinión de que justamente es bueno medir las palabras para que tengan un mayor efecto.
Los debates de mediodía tienen lugar una vez al mes y están destinados a mantener viva la discusión periodística. Animamos a los colegas de Radio Nederland a aprovechar su pausa de almuerzo para disfrutar de bocadillos de queso y jamón gratuito, un menú típicamente austero de Holanda, y participar en el debate. A él suelen asistir muchos colegas, a veces sesenta o setenta. El propósito es el desarrollo conjunto de una moral periodística que constituya el espíritu de la redacción de nuestra emisora.
Una de las personas que intervino esta vez fue Rob Wijnberg, un joven filósofo y redactor jefe de un importante periódico en Holanda. Él se califica a sí mismo como un fundamentalista en el terreno de la libertad de expresión.
Por ejemplo, se opone a la ley que establece que a la Reina no se le puede ofender. Nadie es sagrado en la tierra, dice. Yo le pregunté si veía razones para ofender a la Reina. “No,” respondió, “no tengo ninguna necesidad de hacerlo. Si yo atacara abiertamente en mi periódico a la Reina Beatriz, perdería la mitad de mis lectores. Y eso no quiero que ocurra.”
Es decir, este redactor jefe tiene que prohibir a sus periodistas que ofendan a Su Majestad, mientras él mismo exige que eso sea posible por derecho. “El diario es de los lectores”, fue su justificación, “no de un periodista que quiere vender su propia opinión.” En otras palabras, la libertad de expresión nunca debe ser limitada desde arriba pero sí desde abajo.
El siguiente orador era mucho más mayor, el diplomático Koos van Dam, con mucha experiencia como embajador en países árabes. Él opina que los periodistas no pueden escribir todo lo que quieran sin más sino que tienen que tener en cuenta las consecuencias de sus “verdades” o “medias verdades.”
Un periodista que ofende a un presidente y lo acusa injustamente puede que esté dando el gusto a sus lectores pero esto puede tener dramáticas consecuencias para la libertad de prensa. Si no, basta con ver el caso de Ecuador. Según Van Dam, el periodismo debe mirar menos hacia el mercado y hacer aquello que considera realmente importante.
En un aspecto los dos interlocutores estuvieron de acuerdo: si Radio Nederland, a contar del próximo año, será financiada por el Ministerio de Relaciones Exteriores en La Haya, debe seguir manteniendo su total independencia. “No se dejen llevar por la política del ministerio y especialmente no les pregunten con antelación lo que ellos quieren que ustedes hagan”, es su consejo. Solamente una radio independiente goza de credibilidad en el extranjero.
El diplomático Van Dam agregó: sigan haciendo radio. “Tienen que poder seguir transmitiendo su mensaje sin que la gente necesite un computador para recibirlo y sin ser dependiente de otros.”
Importantes consejos, pienso yo.
Esta columna de opinión se puede escuchar en el programa Gran Angular





























Enviar nuevo comentario