*Mariano Aguirre
Un año después de la reunión de Annapolis no se ha logrado ningún resultado concreto en las negociaciones entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Nadie prevé que pueda haber avances antes que Barak Obama comience su gestión en la Casa Blanca, y de hecho es una incógnita cuál será su política hacia el conflicto palestino-israelí, especialmente con Hillary Clinton como secretaria de Estado a Hillary Clinton, que apoya abiertamente a Israel. Sin embargo, una serie de indicios ligeramente positivos han surgido en los últimos meses.
Escuche la entrevista a *Mariano Aguirre
En septiembre el primer ministro israelí saliente, Ehud Olmert, indicó en una entrevista que se debería negociar con los palestinos y devolverles la mayor parte de Cisjordania, con intercambios de territorios. La ANP manifestó su pesar porque esa propuesta no la hubiese planteado con claridad durante su gestión de gobierno, pero esperaba que el siguiente primer ministro la recogiese.
En octubre, el ministro de Defensa y ex primer ministro, Ehud Barak afirmó que el plan ofrecido en 2002 por Arabia Saudita para un acuerdo de paz estaba siendo contemplado con interés por una serie de líderes de su país. También el presidente de Israel, Simón Peres, manifestó su simpatía por la iniciativa.
Hace pocos días un grupo de más de 500 ex oficiales del Ejército, diplomáticos y miembros del servicio de inteligencia publicaron un anuncio en la prensa israelí apoyando la iniciativa de Arabia Saudita. Para los firmantes, es una medida que puede acompañar a las negociaciones entre Israel y la ANP. Pocos días antes, la Autoridad Palestina también publicó anuncios en la prensa israelí pidiendo apoyo para el plan.
Un marco de referencia
La iniciativa saudí propone que Israel se retire de Cisjordania y los Altos del Golán (que fueron ocupados en la guerra de 1967 a Siria). A cambio ofrece el reconocimiento del Estado de Israel por parte de los países árabes.
A estos pasos le seguirían la creación del Estado palestino con el Este de Jerusalén como capital, y el regreso o compensación para los alrededor de 4 millones de refugiados palestinos que viven fuera desde las guerras de 1948 y 1967 de acuerdo con la Resolución 194 de la Asamblea General de la ONU. En 2007 los 22 miembros de la Liga Árabe apoyaron el plan. Fue significativo que mencionaran a "Jerusalén Este" como posible capital y no sólo "Jerusalén".
El apoyo de Barak está relacionado con su interés, y el de Estados Unidos, en fomentar una coalición de países árabes que estén a favor de controlar las ambiciones nucleares de Irán y en limitar los avances de los grupos islamistas radicales Hamás y Hezbolá. Pero es importante que desde Israel se vinculen problemas regionales que siempre se han negado a relacionar.
Otro paso importante ha sido la publicación a finales de noviembre de un informe de la organización británica Oxford Research Group en el que se refleja el interés de una serie de diplomáticos palestinos, israelíes y de otros países árabes en apoyar el Plan Saudí. El texto está prologado por el Príncipe Turku Al Faisal, ex embajador de Arabia Saudita en Washington y Londres.
El informe indica se percibe un creciente interés en Israel por buscar una solución regional a la cuestión palestina. A la vez, se dice que se debe publicitar dentro de Israel la necesidad y ventaja de alcanzar un acuerdo mientras que se explora en los países árabes las formas de apoyo en el caso de que Israel dé una respuesta positiva. Estados Unidos, la Unión Europea, el Consejo de Seguridad de la ONU, los Estados musulmanes y la Federación Rusa tienen, según la autora, Gabrielle Rifkind, un importante papel que desempeñar facilitando el proceso, financiándolo y dándole legitimidad.
El plan saudí es visto, también, como un marco de referencia que puede servir para promover un acercamiento entre Hamás (que controla la franja de Gaza) y Fatah. Sin un acuerdo entre las dos facciones es imposible que se alcance una negociación estable.
Los asentamientos
Una cuestión clave que recomienda el informe es que Israel termine con los asentamientos en Cisjordania. El Gobierno israelí ha continuado aprobando o permitiendo nuevos asentamientos pese al pre acuerdo de Annapolis, En el mundo árabe se considera que mientras no se congele esta política y no se permita que observadores imparciales verifiquen el proceso, Israel no será un negociador creíble.
La derecha, particularmente el Likud y el partido ultraortodoxo Shas presionan al gobierno actual y al que pueda surgir de las próximas elecciones con esta cuestión y ante una posible negociación con los palestinos, dos cuestiones que ven como una traición. El candidato a presidente por el Likud, Benjamín Netanyahu, reniega de la creación de un Estado y se limita a decir que permitiría centros de "prosperidad" para los palestinos, algo que es leído como zonas aisladas al estilo de los "bantustans" del antiguo Apartheid sudafricano.
La cuestión de los asentamientos muestra la fractura que existe en Israel entre una gran parte de la población que es favorable a un acuerdo con la existencia de un estado palestino, y la fragmentación y divisiones en un sistema de partidos que nunca permite formar una coalición estable que pueda llevar a cabo un proceso de negociación con suficiente legitimidad.
Un estudio del periodista David Unger, recientemente publicado por la revista "World Policy Journa" afirma que si no se llega a un acuerdo Israel se enfrenta en las próximas décadas a tres escenarios: ser una nación ocupante y a la vez sitiada, transformarse en un estado binacional (y perder su característica de estado judío) o alcanzar un compromiso para que exista una solución para dos Estados. El plan saudí ofrece una salida en esta última dirección.
*Mariano Aguirre es director del área de paz y seguridad de FRIDE.





























Enviar nuevo comentario