Este domingo Uruguay elige a su futuro presidente, la totalidad del parlamento bicameral y vota dos plebiscitos. Los inscritos decidirán si continúa en el gobierno la coalición de izquierda, Frente Amplio, o devuelve el poder a uno de los partidos tradicionales, Blanco o Colorado.
En una de las consultas populares se decidirá si, a partir del 2014, pueden votar los orientales, como también se denomina a los uruguayos, residentes en el extranjero y que actualmente no pueden votar. En el otro referéndum se decide y sobre la anulación de la Ley de Caducidad de la Propiedad Punitiva del Estado, conocida como Ley de Impunidad, que impide procesar a militares y policías que hubiesen violado los derechos humanos durante la dictadura cívico-militar, de 1973 al 85.
Los partidos
El Partido Colorado y el Partido Nacional, o Blanco, nacieron junto a la independencia, en 1830, y distinguían a los liberales, Colorados, de los nacionalistas, Blancos. Ambos deben sus nombres a las divisas que los gauchos ataban a sus sombreros o cabezas para distinguirse en las luchas fraticidas. Los colores fueron tomados de la bandera, blanca y celeste, pero el azul claro desteñía con las lluvias y el sol y las divisas terminaban por confundirse, por lo que la celeste fue cambiada por colorada.
Los dos partidos tuvieron siempre distintas corrientes internas, que siguieron a determinados caudillos o filosofías, por lo que entre tanto entre blancos como entre colorados hubo tendencias progresistas como extremadamente reaccionarias.
A comienzos del Siglo XX aparece en el Partido Colorado la figura de José Batlle y Ordóñez, cuya influencia se extenderá hasta nuestros días. El "batllismo" puede estuvo muy influenciado por la socialdemocracia, que aplicada resultó en la nacionalización de los servicios públicos y la creación de la estatal y única refinería de petróleo de Uruguay. Otro colorado, Gabriel Terra, dará un golpe de estado en 1933, después de haber sido electo presidente en 1931. Terra introducirá una serie de reformas contrarias a las implementadas por el batllismo.
El Partido Nacional contó entre sus filas con políticos como Luis Alberto de Herrera, acérrimo enemigo de Batlle, y defensor de un nacionalismo a ultranza que lo llevó a apoyar a Francisco Franco pero también a Ausgusto César Sandino. En el golpe de estado de 1933 Herrera apoyó a Terra.
El Frente Amplio como tal surge en 1971 y participa en noviembre de ese año en unas elecciones convocadas en medio de una gran convulsión social bajo el gobierno del presidente Jorge Pacheco Areco. El colorado Pacheco dirigió el país con mano de hierro e integró su gabinete ministerial con ricos ganaderos y banqueros, que dudaban de que los políticos defendiesen bien sus intereses, lo que llevó a un enfrentamiento muy violento con los sindicatos. En ese momento, 1968-1971, es cuando la guerrilla del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros tiene su apogeo. Los tupamaros, que entre sus dirigentes contaba con José Mujica, serían derrotados militarmente en 1972. Las elecciones de noviembre de 1971 fueron ganadas fraudulentamente por Juan M. Bordaberry, que derrotó al dirigente blanco Wilson Ferreira Aldunate.
La unión de los partidos Socialista, Comunista, Demócrata Cristiano, otras formaciones menores y algunas importantes figuras salidas de los partidos tradicionales da nacimiento al Frente Amplio. Entre sus fundadores se encuentra Zelmar Michelini, un senador colorado batllista que luego sería asesinado en Buenos Aires por orden de la dictadura uruguaya.
El gobierno frentista
Estos comicios tienen lugar cuando la economía uruguaya retoma el dinamismo que tuvo en los años de gobierno de la coalición de izquierda: el Producto Interno Bruto, PIB, creció el 7,5% en el 2005, un 4,6% en el 2006, un 7,6% el 2007 y un 8,9% el año pasado. Históricamente el país más pequeño de América del Sur, por tamaño y población, había tenido un crecimiento económico en torno al 2%. En el 2009 Uruguay interrumpió su crecimiento como reflejo de la contracción de la economía mundial.
Actualmente en Uruguay el Producto por habitante ronda los 9.700 dólares, la desocupación bajó a niveles históricos hasta el 7% y a la vez hubo una recuperación de poder adquisitivo.
De todas formas, los uruguayos que no pueden comprar una canasta de alimentos básica asciende al 20% de los 3 millones 300 mil habitante. Según estadísticas oficiales, en el 2007 la pobreza era del 25% de la población. Con estos datos en la mano, el Frente Amplio aspira a continuar en el gobierno.
Los candidatos blanco y colorado
Los colorados arrastran el lastre de haber estado vinculados al golpe de estado y del descalabro electoral del 2004, cuando sólo recibieron el 10% de los votos. Su candidato, Pedro Bordaberry es hijo del Presidente Juan M. Bordaberry, que tras ganar las elecciones de 1971 disolvió las cámaras con apoyo militar en junio del '73. De todas formas, Pedro Bordaberry demostró ser un buen administrador y gestor cuando se desempeñó como Ministro de Turismo durante el desastroso gobierno de Jorge Batlle, entre el 2001 y el 2005. En estas elecciones es el candidato más joven y, con un discurso conciliador, prometió renovar el partido y mantener un pragmatismo sensible. Su compañero a la vice Presidencia es Hugo De León, ex futbolista de Nacional, Gremio de Brasil y la selección uruguaya.
El candidato blanco es Luis Alberto Lacalle, nieto del caudillo Luis Alberto de Herrera y Presidente de Uruguay de 1990 al 2000. En 1973, inmediatamente después del golpe de estado, fue encarcelado durante dos semanas y, una vez puesto en libertad, trabajó contra la dictadura. En 1978, al igual que otros dirigentes del Partido Nacional, recibió por correo una botellas de vino envenenado. La esposa de otro dirigente blanco, Cecilia Fontana de Heber, fue la única que bebió y murió instantáneamente.
Durante su presidencia llevó adelante una política ultraliberal en la que liberalizó sectores de la economía que habían sido monopolio estatal e intentó privatizar empresas públicas. Muchas de las leyes de privatización fueron revertidas en plebiscitos convocados por la población uruguaya. Lacalle no se vio involucrado en casos de corrupción, pero si algunos de sus colaboradores, algo que salpicó su gestión. Las clases populares temen su retorno a la presidencia porque anunció que si assume utilizará una motosierra para disminuir el gasto public, lo que fue interpretado como reducción de beneficios sociales. En los comicios internos se impuso a Jorge Larrañaga, quien ahora es candidate a vice president.
El actual presidente uruguayo, Tabaré Vazquez, no pude presentarse a un segundo mandato consecutivo y la coalición de izquierda eligió en elecciones internas a José Mujica para sucederlo.
Cuando en 1971 se fundó el Frente Amplio Mujica integraba el movimiento Tupamaro, que no confiaba en llegar al poder por las urnas. Estuvo preso varias veces y en un tiroteo recibió seis balazos. Su último encarcelamiento se extendió por 13 años en condiciones inhumanas. En 1985 Mujica fue amnistiado junto a todos los presos politicos al retornar la democracia y se dedicó a reorganizer su movimiento, pero esta vez sin armas, y en 1995 fundó el Movimiento de Participación Popular, MPP, integrado por ex tupamaros y otros militantes de izquierda. Desde ese mismo año integra el parlamento, primero como diputado y luego senador. En el 2005 fue designado ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, cargo que desempeñó hasta que comenzó su campaña presidencial. En las elecciones internas venció a Danilo Astori, que ahora es candidate a la vicepresidencia.
Desde 1971 el FA no ha dejado de crecer, del 18 en ese año hasta un poco más del 50% en el 2004. Pero ese crecimiento tuvo un coste político para la izquierda ya que, si dejamos de lado el ingreso de MPP, el FA se amplió en la única dirección que podía: la derecha. Ese hecho desilucionó a muchos izquierdistas, que esperaban reformas más radicales de parte del gobierno frentista y de la gestión ministerial de Mujica. Desde la izquierda se acusa al FA de ser el heredero de la socialdemocracia batllista.
Por otro lado, aunque los programas del FA y los blancos no son totalmente opuestos, muchos votantes temen el pasado de Mujica. Estos dos elementos sumados pueden hacer que el FA no obtenga en primera vuelta la mitad más uno de los votos emitidos y haya lugar a una segunda ronda para elegir president el 29 de noviembre.
Los plebiscitos
Al contrario que en otros países latinoamericanos los uruguayos residentes en el exterior no tienen derecho a voto. En un país de 3 millones 300 mil habitantes los más de 500 mil ciudadanos emigrados a todos los rincones del mundo son una cifra significativa. El debate sobre este punto es fácil en principio: ¿Puede alguien que no vive aquí decidir que gobierno tengo tengo yo? La cuestión se complica cuando se discuten razones éticas y, en algún caso, políticas. La derecha sostiene que el voto desde el extranjero favorecerá a la izquierda, pero eso no se sabrá hasta que se pueda constatar.
El otro plebiscito es absolutamente moral. La Ley de Impunidad viola los principios republicanos de separación de poderes, crea una diferencia de los ciudadanos ante la ley, y fue votada bajo presión militar y en un momento de golpe de estado técnico. En diciembre de 1986, durante una sesión extraordinaria antes del receso legislativo el parlamento aprobó ese engendro legal porque los militares citados a declarar se negaron a acudir. Ante el hecho consumado, nadie podía obligarlos, un parlamento dócil y amedrentado por el ruido de sables de zafarrancho cuartelero, se aprobó dare status diferente a quienes torturaron, asesinaron, robaron, bebés y violaron. En 1989 se convocó a un plebiscito para derogar la Ley de Impunidad, pero el pueblo aún tenía miedo a que retornase el terror de estado y la norma fue ratificada.
Contrariamente a los presidentes anteriores, Vázquez ha permitido que se procese a varios militares, entre ellos a Gregorio Álvarez recientemente condenado a 25 años de cárcel y, lo más notable, la Ley de Impunidad fue declarada inconstitucional a 23 años de su aprobación parlamentaria y 20 de su retificación popular. Eso es una señal inequívoca de que los tiempos han cambiado, sin embargo la derecha no quiere que se anule la ley y una parte de la izquierda tampoco.





























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