Mauro Manuel, el muchacho angoleño de 18 años que buscaba asilo en Holanda, se ha convertido en un caso mediático en el país. Ha estado viviendo en la provincia sureña de Limburgo con una familia adoptiva desde que tenía 10 años y ahora se ve amenazado por la deportación. Esta tarde ha hecho un emotivo llamado al Parlamento para que le permita quedarse.
El Parlamento holandés ha debatido hoy su caso. Nuestro corresponsal en Angola informa acerca de lo que puede esperar Mauro si tiene que regresar a un país que no podría ser más distinto a Holanda.
¿Quién es Mauro Manuel?
Nació en Angola en 1992. A los nueve años su madre lo puso en un avión en dirección a Holanda. Allí se presentó a la policía como un peticionario de asilo menor de edad sin acompañante.
Desde los diez años vive con una familia que ha querido adoptarlo, pero eso no es permitido.
Desde agosto de este año, Mauro vive en Eindhoven, donde cursa estudios secundarios. Es miembro del equipo de fútbol Nieuw Woensel.
Mauro ha solicitado un permiso de permanencia hasta las instancias más altas, pero sin éxito. Este mes cumplirá los 19 años.
La Angola de después de la guerra civil (1975-2002) es un país de extremos. Es la economía de más rápido crecimiento de la última década, el segundo productor de petróleo de África y la tercera economía más grande del África subsahariana. Pero mientras una pequeña élite política se enriquece más allá de lo imaginable, dos tercios de la población vive con menos de dos dólares diarios. La expectativa media de vida es de 48 años. La tasa actual de desempleo en Luanda es del 27 por ciento y es la ciudad más cara del mundo.
Ayuda disponible
Un representante local de la Organización Nacional para Inmigración (OMI) estará esperando a Mauro a su llegada al aeropuerto internacional de Luanda, según dijo a Radio Nederland la portavoz Marian Lenshoek. La OMI ha destinado recientemente más de 2.500 euros para la reintegración de Mauro. La ONG holandesa Agencia de Mediación para Retornados, también ofrece a personas como Mauro asistencia general y financiera hasta 1750 euros.
Sin embargo, los desorbitados precios y la ausencia de una red social para Mauro puede significar que esta ayuda pueda ser agotada en muy poco tiempo. “Yo vivo en un estudio de 40 metros cuadrados con mis tres hijos y pago 1500 dólares al mes,” cuenta a Radio Nederland el manager de gestión angoleño Humberto. “Y no creas, tengo suerte. Es un buen precio porque pertenece a mi familia”. En el mercado libre se paga esa suma por un cuarto de 20 metros cuadrados sin cocina ni baño. Hasta los más pobres pagan por lo menos 250 dólares de alquiler por una pequeña vivienda en alguno de los barrios marginales de Luanda.
La embajada holandesa en Angola contrató una vez a un retornado voluntario como chófer, dijo a Radio Nederland una fuente bien informada. El costo de vida fue un rudo despertar. Él decidió volver a Holanda.
Joris Van Wijk de la Universidad Libre de Ámsterdam advierte que sería mejor para Mauro que partiera voluntariamente. Si se le ordena salir y se niega, sería deportado y entregado a las autoridades de inmigración en Angola: “Con un retorno forzado, todas las formas de asistencia, en principio, se terminan. El gobierno angoleño puede incluso negarle su pasaporte angoleño”.
Oportunidades profesionales
“Como manager de gestión de una compañía holandesa, yo no querría contratarlo si no hubiera estudiado”, admite Humberto. Él mismo vivió en Holanda de los 26 a los 28 años y volvió a Angola por propia voluntad. “¿Qué podría hacer? ¿Ser guardia de seguridad? Puede estudiar en Angola pero le costaría 300 dólares al mes, y el nivel de las universidades angoleñas no se compara con el de Holanda”.
Entre las compañías angoleñas y las internacionales operando en el país hay una gran demanda de empleados angoleños con una buena formación que hablen idiomas con fluidez. Para gente como Humberto, el cielo es el límite. Lo mismo podría valer para Mauro si el Parlamento holandés decide que puede quedarse y optar a una educación superior en Holanda.

























Tiste Historia la de Mauro,es una pena que no quieran ayudarlo ese muchacho tiene un gran futuro en Holanda si se le ayda, enviarlo de vuelta a su pais seria una catastrofe sicologica y emocional para es .esperemos un milagro para Mauro.
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