Brasil, la gran potencia del Cono Sur Latinoamericano, busca ahora tener un papel de mediador en el conflicto entre Palestina e Israel. La maquinaria de la diplomacia brasileña se ha activado entre árabes, persas y judíos ¿Por qué?
Es claro que la llegada de Lula da Silva a la Presidencia de Brasil marcó una manera y forma distinta del complejo oficio de gobernar y hacer política.
Desde un primer momento, Lula buscó la fórmula de hacer escuchar la voz de su país en los principales foros internacionales de discusión y toma de decisiones, haciendo de Brasil un interlocutor imprescindible para los cambios que la geopolítica internacional está marcando.
Los cónclaves de Porto Alegre y la posición asumida ante las potencias de Occidente en torno al tema de la Ronda de Doha, su dura crítica al proteccionismo agrícola de los europeos y norteamericanos, su tono de hermano mayor en la eterna trama de la política latinoamericana, su búsqueda de un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, su discurso a favor del multilateralismo, han provocado, en definitiva, que Brasil se posesione con pies firmes en la movediza arena internacional de nuestros tiempos.
Desde su convencimiento en los beneficios del llamado diálogo Sur-Sur, ideado por el presidente Lula desde el primer día de su mandato, Brasil apuesta ahora por ser un mediador distinto en el larvado conflicto entre israelíes y palestinos.
La última semana, una delegación considerable de la diplomacia brasileña, encabezada por el canciller Celso Amorim, se ha desplazado a Cirsjordania, Jordania, Siria, Egipto, Israel, Palestina, Irán y otros países, para profundizar en la naturaleza de la situación y presentar sus cartas como un nuevo interlocutor, de perfil muy distinto al europeo y norteamericano.
La postura de Brasilia es que el conflicto palestino-israelí debe implicar a un gran número de países con la meta de "propiciar un clima de paz y convivencia". Y en este sentido, el Gobierno brasileño quiere postularse como un interlocutor clave en el tablero internacional.
Sus argumentos para entrar en la liga de jugadores internacionales en Oriente Medio se basan tanto en su historia "pacifista" como en la "falta de intereses" nacionales en la región.
El país latinoamericano no es "ninguna potencia ex colonizadora, no fue un actor de la Guerra Fría, ni siquiera tiene campos de petróleo aquí. Esto demuestra la autenticidad" de sus intenciones diplomáticas en Oriente Medio, explica a la prensa internacional en Jordania el canciller Celso Amorim.
De acuerdo con Marcel Viato, alto asesor estratégico de Celso Amorim y experto en política exterior brasileña, su país está utilizando la experiencia de diálogo entre judíos y árabes en todo Brasil, la cual ha dado durante décadas el resultado de una exitosa relación que se extiende a los niveles económico, político, cultural y social.
Las voces más críticas a la pretensión brasileña de mediar en el conflicto en Oriente Medio, señalan que el verdadero interés del presidente Lula es hacerse con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Desde el inicio de la guerra el 27 de diciembre, Brasil abogó por el cese de las hostilidades en la franja de Gaza, donde ya ha muerto más de 900 personas, y ha condenando la "desproporcionada" respuesta israelí a los disparos de cohetes de Hamás contra su territorio.
Pregunta: La diplomacia de Brasil se ha activado en Siria, Israel, Cisjordania y Jordania, además de Egipto y Palestina. ¿Por qué busca Brasil ser un mediador para el conflicto entre Israel y Palestina?
Respuesta: Brasil es un país que presenta características que le dan una cierta ventaja comparativa. Brasil es un país donde árabes y judíos, en números importantes, tienen una convivencia histórica y ejemplar. En el contexto de la búsqueda de la paz, Brasil es un país que tiene algo propio que ofrecer. Pensamos que el ejemplo de la convivencia pacífica entre ambos pueblos y los intereses que esto representa para Brasil en Oriente Medio, son una justificación importante para que se interese por ayudar a encontrar una solución duradera para el conflicto palestino-israelí.
P: ¿Puede profundizar en esta forma de convivencia entre árabes y judíos en Brasil?
R: Lo fundamental es el hecho de que son comunidades que han aprendido dentro de la diversidad y el clima de tolerancia, la esencia de la cultura brasileña, a convivir y trabajar juntos. En Brasil, tanto árabes como judíos son grupos que tienen una presencia masiva, de gran volumen en todos los aspectos de la sociedad brasileña: comercial, público, privado, artístico, empresarial. Esta comunidad siempre ha tenido una disposición muy grande a actuar internacionalmente para defender la paz. En Brasil hay movimientos importantes que congregan a estas comunidades y que están fuertemente empeñadas en lo que le he dicho. Otro ejemplo: Brasil envió 14 toneladas de ayuda para los palestinos. Podemos tener esta actuación seguros de una absoluta credibilidad y como un reflejo de la postura de buenos oficios que nos caracteriza.
P: Parece que la intención del presidente Lula es reactivar el proceso de Annapolis, Estados Unidos. ¿Por qué es viable esta idea?
R: De hecho, el presidente Lula lamenta que no se haya podido avanzar en el proceso de Anápolis. Yo diría que este tema se enmarca en un contexto mayor. Brasil viene defendiendo, sobre todo durante la administración del presidente Lula, la necesidad no solamente en el tema económico, sino también de seguridad colectiva, de re activar y reestructurar el sistema de decisiones internacionales. El conflicto de Oriente Medio es un ejemplo de incapacidad de los mecanismos globales multilaterales de conseguir una solución. En este caso, tenemos resoluciones de la ONU que no se han cumplido durante décadas. Está muy claro que el mecanismo, tal y como hoy está estructurado, y los actores que funcionan como intermediarios y que tienen un papel de negociación, no están en condiciones de cumplir su misión. Brasil no tiene la pretensión de servir como negociador definitivo. No ignoramos el rol crucial de Estados Unidos, pero pensamos que en el contexto de los buenos oficios, hay mucho que Brasil y la comunidad internacional pueden hacer. Se trata de contribuir para que un movimiento de la comunidad internacional pueda ayudar a dinamizar un proceso negociador que claramente se encuentra estancado.
P: ¿Entonces ve Brasil vicios de la comunidad internacional al no querer enfrentar ni frenar, desde hace décadas, la violencia entre israelíes y palestinos?
R: Lo fundamental en esto es tener credibilidad. Nos parece que la verdad que vivimos es que hay una escalada de la violencia, que entre las partes se intercambian acusaciones importantes, porque claramente hay en ambos el convencimiento de que el otro no quiere avanzar ni escuchar. Todo esto alimenta una espiral de cinismo, de indiferencia de la comunidad internacional. Nos parece que es el momento de superar eso. Brasil está convencido de que las condiciones están dadas, de que los cambios más amplios que estamos viviendo deben incluir también los temas de seguridad. Es intolerable que se pueda seguir viviendo una situación que cada cierto tiempo exige la vida de cientos de personas, donde la mayoría de las víctimas son mujeres y niños. Extrañamos la absoluta falta de perspectiva. Así como discutimos en el tema económico el aspecto sobre el proteccionismo y la ronda de Doha, el actual liderazgo internacional no puede pasar a la próxima generación el simple fracaso y la falta de avances en Oriente Medio. En lo económico, las naciones en desarrollo esperan una luz o salida para el impasse de la crisis económica, así también en el tema de la seguridad no podemos pretender resolver los problemas del terrorismo y la violencia si no estamos dispuestos a pagar el precio de buscar una solución viable para Oriente Medio, el punto neurálgico de las tensiones internacionales de estos momentos.
P: ¿Descarta su país el envío de tropas brasileñas a la frontera entre la Franja de Gaza y Egipto, ante la posibilidad de que se decida el despliegue de un contingente internacional?
R: No estoy en condiciones manifestar una posición del Gobierno de Brasil. Lo que puedo decir es que Brasil, en el pasado, ya tuvo contingentes en esta región a lo largo de muchos años. Estamos convencidos que NNUU deben necesariamente tener un papel crucial. Pensamos que la revitalización del multilateralismo pasa necesariamente por dinamizar la ONU. Brasil estará dispuesto y listo, como lo ha demostrado en Haití y antes en África y otras regiones, a contribuir con lo que sea necesario, para que las Naciones Unidas puedan volver a tener un rol importante en la pacificación definitiva del conflicto entre Israel y Palestina.





























Enviar nuevo comentario