Opositores al gobierno de René Preval en Haití tienen planeado manifestarse nuevamente este jueves para exigir su dimisión, así como la salida del país de la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití MINUSTAH. Desde el 12 de enero de este año cuando Haití fue sacudida por un devastador terremoto, los intentos de reconstrucción y gobernabilidad del país parecen no llegar aún a buen puerto.
Son ya 4 meses con una situación muy grave en Haití. Insostenible, la califica Amelie Gauthier investigadora y especialista en Haití: “Insostenible y preocupante sobretodo porque se acerca la temporada de lluvias. La presión está subiendo mucho”.
Por otro lado está la situación política. El presidente René Preval presentó un decreto en el senado que fue aprobado y que le extiende el mandato hasta febrero si es que no se dan las previstas elecciones el 28 de noviembre. Esto ha creado revueltas y manifestaciones en las calles.
Complicando aún más la situación, se elevan las voces que piden el retorno del ex-presidente Jean Bertrand Aristide, asilado en Sudáfrica. Existen grupos interesados de que vuelva, a pesar de que en tiempos de Aristide también había violencia, y tampoco había estabilidad. “Si eso es una buena cosa, es difícil decir”, sostiene Gauthier.
El chivo expiatorio
Si bien se le acusa de todos los males al actual presidente, la institución que también ha perdido credibilidad es la Minustah. Una operación militar de esa institución en una facultad universitaria y en la que es capturado un estudiante fue la gota que rebalsó el vaso. Fuera de ese incidente el trabajo que la Minustah ha intentado ejercer es el de la reconstrucción y no la represión, sin embargo no es reconocido.
La gente no ve todo lo que se ha hecho hasta el momento. Las reuniones de integrantes de la Comunidad Internacional que han tenido lugar en Nueva York, el dinero que se ha comprometido para la reconstrucción del país. No se ven en todo caso aún los resultados y la población sigue viviendo en tiendas de campaña y sin las necesidades básicas, como agua, ni mucho menos corriente eléctrica.
Gautier encuentra una explicación: “El haitiano es un pueblo que tiene mucho orgullo y entonces no acepta muy bien la presencia de una fuerza internacional. Entonces cada cierto tiempo y cuando hay problemas políticos, hay también manipulaciones de ciertos grupos. Muy rápidamente eso se canaliza en contra de la Minustah”.
Es muy difícil y complejo el problema en Haití. Sin la confianza frente a su actual gobierno y sin la aceptación de una entidad internacional como la Minustah poco espacio queda, lamenta la analista, para la reconstrucción del país.



























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