Visto en retrospectiva, el presidente indonesio, Yudhoyono, podría perfectamente haber venido a Holanda, ya que la Justicia no vio ninguna razón para arrestarlo. Pero desde un principio el presidente no estaba muy seguro.
Por lo visto tiene algo que temer cuando se trata de los molucos. Hoy, la corte en La Haya determinó que no había ninguna razón para detener al Presidente indonesio, tal como lo había solicitado el gobierno en exilio de los molucos del sur. Según dicho Gobierno, el RMS, con sede en Holanda, los derechos humanos han sido gravemente violados en el grupo de islas de las Molucas.
Jueguitos
En una declaración, el embajador Habibie expresó su satisfacción con la decisión. El diplomático espera que Yudhoyono arribe a Holanda dentro de algunos días para una planeada visita de Estado. El diplomático cuenta con que las autoridades holandesas eviten una repetición de la situación: “El gobierno holandés posiblemente no pueda intervenir en un proceso judicial, pero sí pueden dejar en claro al RMS que no deben seguir con sus jueguitos que puedan poner en peligro la visita de Estado.”
Diversas fuentes han confirmado a Radio Nederland que el embajador intervino personalmente para que la visita fuera suspendida. El presidente y su comitiva, entre la que se cuentan 25 periodistas, se hallaban el martes ya a bordo del avión cuando llegó el consejo de Habibie para que no viajaran. El embajador no quiso correr el riesgo de que hubiera una orden de arresto contra el mandatario, a pesar de las palabras tranquilizadoras del ministro Hirsch Ballin.
Formalmente, el Gobierno holandés no puede inmiscuirse en un proceso judicial independiente, pero Hirsch Ballin le indicó al embajador que todo jefe de Estado goza de inmunidad. El embajador consideró, sin embargo, que no podía especular con su propia confianza.
Molucos
Al parecer, el embajador no estaba en absoluto seguro. Según el abogado Johnson Panjaitan, hay buenas razones para ello. Las violaciones de derechos humanos en las Molucas son muchas y muy graves, según el jurista que representa a una cantidad de presos políticos. Densus 88, la unidad especial antiterrorista de la policía, ha practicado torturas en el último tiempo incluso con resultado de muerte, según Panjaitan.
Las penas contra prisioneros políticos en las Molucas son extremadamente severas, mucho más que en Timor Oriental, Papúa y Aceh. Un prisionero puede recibir cadena perpetua solamente por haber interpretado un danza o por enarbolar una bandera del RMS.
Torturas extremas
También las torturas son extremadamente duras, tanto que no solamente dejan heridos sino también inválidos o incluso muertos. La Comisión Indonesia de Derechos humanos, al igual que la policía, han sido puestos en conocimiento de la situación pero, según Panjaitan no ha conducido a ningún resultado.
Un nuevo y sádico método de tortura consiste en hacer caminar a un prisionero por asfalto hirviendo mientras es golpeado con un cable. Si pierde el conocimiento es arrojado al mar con lo que el frío y lo salado del agua en las heridas lo hace despertar. Después comienza el castigo de nuevo.
Ideales
Algunos de esos prisioneros políticos están directamente involucrados con el RMS, en calidad de miembros, pero otros son sólo simpatizantes que comparten los ideales del movimiento. Esto no hace diferencia para el gobierno indonesio. Panjaitan: “El RMS es puesto en la categoría de organización terrorista y no es visto como un grupo que lucha por la libertad”.
Recuadro Las Molucas
Las Molucas es un grupo de islas predominantemente católicas en el mayoritariamente islámico archipiélago de Indonesia. Cuando después de la Segunda Guerra Mundial una gran parte de los indonesios se rebelaron contra el dominio colonial holandés, los molucas se unieron al ejército de Holanda. Después de la independencia, soldados molucos que estaban sirviendo en el Ejército holandés, y su familia, más de 10.000 personas, fueron trasladados a Holanda para evitar que participaran en la lucha de RMS.
Desde entonces han llevado adelante la lucha por la independencia de la república moluca. En los años setenta del siglo pasado, militantes de segunda generación llevaron a cabo una serie de acciones armadas, entre ellas el secuestro de trenes, la toma de rehenes de niños en una escuela y la ocupación de la residencia del embajador.





























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